Aquél día no pude quitar el olor a naranja con cebolla de mis manos… normalmente no cocino (nunca) pero aquélla vez tenía que hacerlo… digamos que el resultado no fue tan placentero como el que ofrece el estimado Pelota-cabeza PERO tampoco fue desagradable… mmmm digo pues que la comida sí pudo comerse (a excepción de algunas carnes cocinadas por mi Pequeña amiga moralista, que se excuso al preguntar “¿qué no les gusta la carne medio cruda?”), sin tantas caras de asco… ni peros… ¡a lo que voy es que nunca había cocinado y esa vez lo hice, y lo disfruté gracias a un Hueso que entendió mi situación de no saber cocinar, y el terror que me producía el hacerlo para 20 gentessssssss! Tal vez Huesito no quiso gritarme lo estúpido que era eso porque no había la confianza para hacerlo (nos acabábamos de conocer) o sólo me aceptó así y cocinó conmigo como buen Hueso que es (prefiero optar por ésta). Hueso, donde estés (con hijos o sin hijos) ¡gracias por enseñarme a marinar carne!
Algo nos modifica, sin ser prejuiciosos, lo que es nos modifica.
Tal vez fue el agua fría o el cielo obscuro, pero en ese momento Mius y yo estábamos extra cotidianas, jugando con burbujas invisibles, burlándonos de la Pequeñita moralista por ser TAN moralista en esos momentos… en esos momentos no había límites ni resistencias que pudieran frenar nuestro “divertimiento espacial gradualmente elevado”. Aún sigo sin entender cómo fue que no nos ahogamos.
Muchas veces me han llegado imágenes grotescas, o he visualizado situaciones incómodas por las que sé que tengo que pasar tarde que temprano, pero también pienso que algunos momentos de sorpresa son los que me llenan de vivencias tan…
Muchachos, sé que fue incómodo, pero se agradece el compartimiento involuntario de las actividades que suelen hacer juntos =)
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