martes, 21 de julio de 2009

Reflejos

"-Yo tenía cinco años. Mamá invitó al cine a mi hermano mayor y me dejó en casa diciéndome que era demasiado joven para ir. Me rompió el corazón. Yo sabía que ella quería más a mi hermano que a mí. Creo que nunca la perdoné.
Sacó un pañuelo, se secó las lágrimas y dijo asombrado:
-Desapareció el asma. ¿Qué pasó?
-Se supone que los hombres no deben llorar cuando se sienten heridos o enojados -dijo el analista-. Pero hay partes del cuerpo que sufren y lloran por ellos. Si puede llorar, ya no necesitará el asma para expresar el sufrimiento."

La ira, la furia, la rabia
Lucy Freeman

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