lunes, 19 de octubre de 2009

ORGULLO

LA TARDE, oscura y larga, en que me niegas
no el cariño que nunca me tuviste,
sí de quererte el privilegio triste
que aun a la brisa de la tarde entregas;

la dulce gloria que en redor despliegas
o el juego de color en que consiste,
aunque amenuda evocación resiste,
¿no puedo acaso edificar a ciegas?

Y si la enamorada fantasía
abierta toda al peregrino encanto
no pudiera albergar su demasía,

¿qué inmenso desamor, qué olvido tanto,
tu bella imagen arrancar podrí
a la angusti perfecta de mi llanto?


José Gorostiza

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