no el cariño que nunca me tuviste,
sí de quererte el privilegio triste
que aun a la brisa de la tarde entregas;
la dulce gloria que en redor despliegas
o el juego de color en que consiste,
aunque amenuda evocación resiste,
¿no puedo acaso edificar a ciegas?
Y si la enamorada fantasía
abierta toda al peregrino encanto
no pudiera albergar su demasía,
¿qué inmenso desamor, qué olvido tanto,
tu bella imagen arrancar podrí
a la angusti perfecta de mi llanto?
José Gorostiza
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